29. nov., 2021

Dum Spiro Spero

Hacía mucho tiempo que no me encontraba con el mensajero de Júpiter. El aire es su elemento, por eso le impulsa una especie de céfiro soplándole los pies. El aire es lo que permite que nuestros pensamientos se conviertan en palabras. Por eso es el regente de la comunicación. Pero también tiene otras cualidades menos conocidas.

En su versión griega, es conocido como Hermes, una palabra que se refiere a lo impenetrable, a aquello que no deja pasar el aire, refiriéndose a lo que está sellado o en secreto. Los alquimistas usaban el nombre de Hermes para referirse al Dios egipcio Thoth, y debido a eso se les llamó herméticos.

Además de heraldo de los Dioses, Hermes/Mercurio es el único que puede entrar y salir del inframundo cuando se le antoja. De hecho guía a las almas de los difuntos hacia el más allá y a los vivos, nos transmite mensajes a través de los sueños…

Dentro de poco, volveremos a vernos para la presentación de ‘La Llave de Vulcano’. A pesar de la emoción, del entusiasmo y de la ilusión que supone para mí esta nueva publicación, mi lado sarcástico no ha podido evitar preguntarle al dios alado qué pinto yo escribiendo un cuento navideño para dar esperanza al mundo, cuando hay tantos días en los que yo siento que debo hacer un esfuerzo titánico para mantener cierto optimismo.

Y él, a la velocidad de rayo jupiteriano, me ha recordado que el optimismo y la esperanza no son lo mismo. No se trata de esperar que todo salga bien, como quisiéramos. Se trata de confiar, de tener la certeza de que, pase lo que pase, todo tiene un sentido, aunque no lo podamos ver o percibir. Eso es tener esperanza. Y eso es absolutamente necesario que se transmita a los cuatro vientos, un millón de veces… hasta que nunca más se nos olvide.

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